¡A TRABAJAR!

 
 
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¡A TRABAJAR!

 
 
 
 

Desde el inicio de la creación tú y yo fuimos hechos para trabajar. En Génesis 2 encontramos que Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida y luego dice que el Señor plantó un huerto en donde puso al hombre para que lo cultivara y lo cuidara, esto nos enseña que el trabajo no es resultado del pecado pues en esta parte Dios aún no había creado a Eva y no se había cometido ningún pecado. Dios estaba poniendo a Adán en un mundo perfecto a trabajar.

Tenemos que aprender a ser hombres que amen el trabajo, el trabajo es parte de ser hombre. Debemos reconocer que Dios nos ha dado el trabajo como una bendición para encontrar propósito y dirección en la vida y no solo para proveernos.

Pablo en efesios 4:28 nos dice El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad.

Vemos en este versículo que Pablo nos dice que el trabajo es bueno y que su propósito no es solo proveer para nuestra necesidad sino para que seamos de bendición para los demás. Dios quiere que tengamos una visión del trabajo que vaya más allá de lo personal, Él quiere que pensemos en que no solo nos bendice para proveernos sino que a través de nuestro trabajo, negocio o empresa podamos bendecir a otras familias, incluso dándoles trabajo también.

Veo mujeres que se han quedado solas, ya sea porque son madres solteras, por un divorcio o porque enviudaron, quedar al frente de sus familias y hacer de todo para sacar adelante a sus hijos. No les importa vender productos, limpiar casas, planchar ropa o hacer lo que tengan que hacer por sus familias. Me entristece que en cambio, hay hombres que pierden su trabajo y en su búsqueda, al no encontrar un trabajo ideal llevan a sus familias a una condición deplorable.

Hombre, ¡Dios a ti y a mi nos llama a trabajar! Él dice que el que es fiel en lo poco, en lo mucho lo pondrá. Si tienes que empezar barriendo o lavando los baños, hazlo con excelencia y Dios te abrirá nuevas oportunidades. Conozco un hombre que llegó a este país como inmigrante y empezó desde muy joven trabajando en una empresa que hacía cercos. Su labor era recoger los clavos y tornillos al final del día cuando todos los trabajadores habían terminado. Hoy este hombre, Raymundo Meza, es el dueño de esta empresa internacional multimillonaria y todo inició haciendo excelente su trabajo, siendo fiel en lo poco y no menospreciando su trabajo.

Debemos entender que el trabajo que realizamos no nos define sino la excelencia con la que lo realizamos. Amigo, no importa que trabajo tengamos hoy, hagámoslo con excelencia y si por el momento no tienes trabajo, sé voluntario en tu iglesia o en alguna fundación de asistencia a la comunidad, ayuda a tu vecino o busca un trabajo que hacer y Dios te va a bendecir.

 
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